27.2.12

Para qué sirve un periódico

Estos días de aparentemente inexorable cierre de periódicos he recordado esto que escribió Vladimir Dimitrijevic en su colección de textos sobre fútbol "La vida es un balón redondo":
Pocos días después de mi llegada a Suiza, en Granges, como refugiado, padecí el primer gran dolor del desarraigo: Yugoslavia jugaba en Belgrado contra Inglaterra, y yo no estaba allí. En el equipo de Yugoslavia jugaba Milos Milutinovic, un jugador soberbiamente dotado, un pura sangre de nacimiento. Yo le había visto despuntar, y había asistido a la disputa que había enfrentado a nuestros dos grandes clubes a causa de él. Él anhelaba jugar en el Estrella Roja, pero el Partizán, como era el club del ejército, se llevó el gato al agua. 
Él jugaba, y yo estaba en Granges, ciudad de lengua alemana. Yo conocía apenas diez palabras en alemán. Había allí una sirvienta que sabía desenvolverse en inglés y que se compadeció de aquel muchacho completamente solo, en aquel hotel, desamparado, esperando lo que su suerte pudiera depararle. Ella me tradujo la columnilla consagrada al partido Yugoslavia-Inglaterra. Yugoslavia había ganado por 4 a 0 y Milos Milutinovic había hecho un partido memorable. Yo estaba entusiasmado y exasperado. 
El grupo de mis amigos, de las personas que conocía, con las que había vivido, ya no estaba allí. Fue entonces, al caminar por las calles de Granges, durante el crepúsculo de aquel día, cuando tuve la sensación de que jamás regresaría a mi casa.

24.1.12

Lucas

Las primeras horas de Lucas transcurrieron bajo una errata, tal vez la única posible a esas alturas de su vida. Y no pasó nada. Quiero decir que fueron sin duda sus primeras horas, pese a que el cartel que dejó en la cabecera de su cuna alguien que pasó por allí sin identificarse aseguraba que había nacido el 11 de enero de 2011. Exactamente un año antes, lo que significaba, entre otras cosas, que Lucas no debería estar allí.

Pero lo que en realidad pasa es que produce cierta fascinación ponerse estupendo con las erratas, como si significaran algo aparte de que generalmente somos idiotas. Como si, pese a los manoteos de Lucas en la cuna, hiciera falta explicar que la diferencia entre el cartel y la realidad no es un año, sino unos milímetros de tinta azul. Pero existe toda una industria en torno a esos trazos agigantados.

En la tercera planta del registro civil de la calle Pradillo, tienen una sección de "Errores". La corrección de algunos exige sentencia judicial. De ahí la insistencia del funcionario calígrafo en que el ciudadano compruebe lo que acaba de escribir. Por lo que pueda pasar (al ciudadano) una vez abandone la sala. Los errores suceden en menos de un segundo, y a veces se emplea una vida en acomodarlos.

Pese al cartel, Lucas abandonó aquella cuna con bastante paz. Con la perfecta cara de haber nacido el 11 de enero de 2012. Airoso después de su primer encontronazo con lo kafkiano.

1.12.11

Una historia de fútbol y frío

Salvo las de los sábados, el bar de la ciudad deportiva del Getafe está cerrado por las mañanas. Es un bar como de piscina de pueblo de verano, con sus sillas de plásticos en la terraza, sus mesas apilables y una barbacoa que los fines de semana reparte panceta. La casita levantada al lado de los campos de fútbol, también tiene aparcado contra una pared una réplica del coche fantástico para niños que consiguen una moneda de los padres. Pese a que ayer por la mañana el bar estaba cerrado, el coche mantenía en marcha su reclamo, el tiruriru sintonía de la serie.

La cantinela se arrancaba sola por sorpresa, y los pocos que rondaban los entrenamientos del primer equipo y del filial se miraban intentando adivinar quién se sacaría el móvil del bolsillo. Hasta que reparaban en el cochecito de la entrada, y lo olvidaban hasta la siguiente sorpresa. Refugiados al sol de la helada y sus sombras.

El frío no parece afectar a un rumano con pinta de albañil (vaqueros desgastados, fino jersey de grecas desteñidas, manos ásperas, musculosas, gigantes) que se baja de un coche blanco acompañado de un chico sudamericano de pelo esculpido en cresta que mira al suelo y se aprieta bajo un abrigo negro.

–¿Dónde están oficinas? –pregunta el rumano con ese acento que si se exagera suena ya a ruso.
–Las oficinas están ahí arriba, en el estadio –le dicen.
–¿Cuándo entrena Contra? –Contra es Cosmin Contra, ex jugador rumano del Alavés, el Milán, el Atlético de Madrid, el Getafe.Y ahora entrenador del equipo juvenil del Getafe.
–No sé.
–Pero entrena aquí Contra, ¿no? –insiste, todo el tiempo con una tarjeta de visita en la mano derecha.
–Sí, pero no sé cuándo. Mejor pregunte arriba en las oficinas.
–¿Allí me dicen cuándo viene Contra?
–Ellos saben, sí.

El rumano se da la vuelta hacia el coche blanco del que se han bajado, seguido del chico. Me dicen que vienen muchos, y pienso en bonitos sueños de fútbol e imagino algo que está a punto de sucederles. Pero aún no sé suficiente.

–Michael, Michael –grita el cochecito de niños, mientras el del rumano trepa por la cuesta hacia el estadio.

25.11.11

Y es que el amo, como todos los hombres desconfiados, aun sin saberlo, teme más a las palabras que a las cosas.
(La noche feroz, Ricardo Menéndez Salmón)

18.11.11

El lugar del periodismo

Este involuntario diagnóstico de Unai Emery, entrenador de fútbol, del Valencia, sobre el lugar del periodismo. En la última respuesta de una entrevista, cuando Cayetano Ros, el periodista, le pregunta cómo ha afectado la crisis a su entorno:

"Tengo un hermano en el paro, otro mileurista y otro periodista", dice.

1.7.11

El arrullo del diario

En la playa también he estado mirando qué hace con los periódicos la gente que los compra. Una observación breve, por otra parte. Básicamente, los leen. Sin efecto aparente.

A quien más recuerdo es a una mujer de unos setenta con gafas blancas y el pelo recubierto de rubio. Empezó el periódico por la portada, fue pasando páginas, y calculo que no había alcanzado la mitad cuando se quedó dormida, con el artefacto despanzurrado cubriéndole el pecho, el vientre y los brazos. Quedaba a la vista un rostro de evidente placidez. El periódico como arrullo de lectores, tal vez su única función verdadera. En el transcurrir de sus letras y en el posarse levemente sus páginas sobre su sueño.

La mujer despertó unos minutos después. Y ya no se retiró el papel, ni el rostro, mientras hablaba con su presunto esposo incorporada sobre un costado. Hasta que se levantaron a ejecutar su paseo y ya no los vi más.

20.5.11

Lo de Sol

También pasé ayer por la puerta del Sol. Desde que salí de casa fui anotando algunas cosas, de las que sólo recuerdo parte.

Recuerdo, por ejemplo, que leí un periódico mientras desayunaba y que pensé lo que llevaba días pensando, que algún día todo el mundo se dará cuenta de lo que los periodistas deberíamos estar haciendo y no hacemos. Decía en ese diario uno de sus responsables que la protesta de Sol no es como mayo del 68, ni como la plaza Tahrir. Por mucho que quisieran, no había nada heroico a lo que merecieran compararse. Decía ese diario lo que he leído y oído mucho estos días. Les dicen a los de la plaza que lo que sea que creen que están haciendo lo están haciendo mal. No son maneras. Ni es el momento. Quizá si lo hubieran hecho antes... Pero ya es tarde. Se lo dicen como si los de la plaza les estuvieran escuchando. Y sobre todo sin casi haber intentado entender qué es eso que creen que están haciendo.

Es cierto que resulta complicado saberlo. De hecho, ellos mismos, que no siempre son los mismos, estaban esta mañana intentando descifrarlo, sentados en el suelo, pasándose un megáfono. Pero es que como muchos han dicho estos días, eso no son maneras: Si se va a montar un follón así, se sale con las cosas pensadas de casa. A ver, ¿dónde están sus propuestas? Ah, ¿que no lleva varita mágica? Pues circule, que para eso ya estamos nosotros.

Coinciden mucho estos días políticos y periodistas, algo cuando menos ligeramente sonrojante para nosotros. Les han intentado explicar a los de la plaza, tan confusos, qué es lo que realmente quieren y contra quién lo quieren. También han intentado explicarles mucho qué es lo que deben hacer. Como quien trata con ofuscados medio tontos: Mirad, pensáis que vais contra nosotros, pero estáis equivocados, en realidad nosotros estamos aquí para ayudaros, que quizá no lo habéis entendido bien del todo.

Así pasan los días, con muchos periodistas pensando que son los que protestan quienes tienen que entender, en lugar de sus lectores, espectadores, oyentes. Con casi todos los políticos convencidos de lo mismo. Ambos en la misma ilusión de que esos que protestan, y muchos otros, solo les escuchan a ellos. Instalados en la ceguera que les impide ver que los que protestan, y muchos otros, se escuchan cada vez más entre sí. Y cada vez les prestan menos atención a ellos y sus coreografías.

Cuando llegué a Sol, había unas doscientas personas alrededor de un grupito con micrófono. Algunos sentados, otros rodeando de pie a los sentados. Pero lo más interesante sucedía en las orillas de eso. Ahí se cruzaban personas de todo tipo y edad. Desconocidos que hablaban, discutían, se escuchaban con interés, y seguían su camino. O se quedaban a escuchar a los del micrófono.

A esa hora de la mañana, antes de que llegaran a Sol los que van allí después de salir de trabajar, se ve mucha menos gente que en las atestadas fotografías nocturnas. Esa hora de la mañana es a la que deberían aferrarse los que alertan sobre la infiltración de grupos acostumbrados a la okupación. Los que tenían el micrófono, decían de qué había que hablar y daban quitaban la palabra se parecían mucho a los que recordamos más de las fotos de okupas. También los que han organizado grupos que manejan la comida, la comunicación y la limpieza.

Los que avisan estos días seguro que recuerdan que los romanos ya se habían dado cuenta entonces de la importancia de controlar las cañerías. Y ya se sabe quién maneja ahora la basura.

9.5.11

Miedo al fútbol

El libre directo de Gazza contra el Arsenal, en una semifinal de Copa disputada en Wembley, fue simplemente asombroso: uno de los goles más sencillamente magistrales que he visto en la vida..., si bien sigo deseando de todo corazón no haberlo visto: ojalá no lo hubiese marcado. A decir verdad, durante todo el mes que precedió al partido casi llegué a rezar para que Gascoigne no jugase, y así se subraya la especificidad del fútbol en el mundo del espectáculo: ¿quién pagaría una entrada de las más caras para ir al teatro, con la esperanza de que la estrella estuviera indispuesta ese día?
(Fiebre en las gradas, Nick Hornby)

4.5.11

El héroe oficinista

Parece que es una serie, pero no. He escrito sobre otro maratoniano:
Cuando el funcionario Yuki Kawauchi llegó el lunes 28 de febrero al instituto de Kasukabe (50 kilómetros al norte de Tokio) donde trabaja como administrativo, sus compañeros le recibieron con aplausos. Y los alumnos estaban muy contentos. Y había un grupo de periodistas esperándolo. Y él estaba muy cansado: «Había dormido muy poco», dice. (seguir leyendo en ABC)

20.4.11

A ciegas tras la liebre

El otro día escribí esto con ayuda de Marc, que, además de liebre de la carrera, lo fue de la propia historia:
El domingo pasado, cuando a las siete le sonó el despertador en Rotterdam, Alessandra Aguilar, 32 años, no sabía que esa mañana iba a intentar batir el récord de España de maratón. Tampoco cuatro horas después, cuando echó a correr. Ni durante más de la mitad de la carrera. «Yo no quería arriesgar —dice Aguilar—; es una prueba larga y quería salir con tranquilidad». Pero Marc Roig, 27 años, su liebre principal contratada para el día, tenía otra idea. (leer todo en ABC)

31.1.11

Apante

También echamos de vez en cuando tardes contando que le gusta que pinten con ella, y que le llenen el cuaderno con una casa, el sol, la luna, un pez, un elefante. Y que luego le dibujen una mariposa en cada mano. Que le gusta que le hagan dos moñitos con gomas de colores. Que prefiere unos zapatos azul brillante a todos los demás. Y que a veces, justo antes de salir a la calle, se para, regresa a su cuarto, abre un cajón, coge su gorro blanco y pide que se lo pongan.

Luego, otra tarde en cualquier otro sitio, veo un elefante: "Apante", me oigo, que es como le dice Claudia. Y me noto sonriendo. Alcanza más allá de sí misma. Sostenida quizá por los repetidos recuentos de pequeñeces. Como si el recién llegado fuera cogiendo cuerpo con la acumulación de historias suyas que otros recuerdan. Del mismo modo que la muerte llega sólo con el último bocado de olvido. Apante.

26.1.11

El increíble cocinero menguante

El cocinero Ferran Adrià repasa sus últimos pasos, y lo suyo parece una caminata hacia la desaparición. Hasta 2000 daba de comer en El Bulli a mediodía y por la noche. Entonces, para crear más platos, dice que se vio obligado a dejar de darlos a comer en el primer turno. Ahora, para inventar aún más, explica en una entrevista en El Mundo su próximo paso: "Necesitamos cerrar el restaurante para podernos concentrar en crear y lograr superarnos". Y no dar nada a comer.

21.12.10

Cheever y los periódicos

Una vez conduje una furgoneta de reparto de periódicos. Me gustaba mucho, sobre todo durante las finales de béisbol, cuando el periódico de Quincy llevaba los marcadores y toda la cobertura. Nadie tenía radios, o televisión. Eso no significa que la ciudad se alumbrara con velas, pero solían esperar por las noticias. Me hacía sentir muy bien ser el que entregaba buenas noticias.
(John Cheever, entrevistado en Paris Review en el número de otoño de 1976)

Del recuerdo: Los talones de Cheever (3/11/2006)

17.12.10

Las letras y las embajadas

Las filtraciones también como alivio de la melancolía del escritor secreto. Esos miles de diplomáticos norteamericanos que durante años componían imágenes como esa de “la típica pareja que se odia pero permanece casada por los hijos”, con la que desde Berlín se explicaba en 2008 la relación entre los que gobernaban asociados. Esos miles de diplomáticos que muchas veces escribían para un solo lector que inmediatamente los olvidaba. Hasta que Assange les ha encontrado un puñado aparentemente gigantesco.

Las letras deben mucho a la placidez de las embajadas, y sin embargo se han comportado siempre con profunda altivez con su clase media de oscuros proletarios de la escritura. Olvidan, quizá, que en la de Argentina en Bruselas nació Julio Cortázar, ese día de 1914 todavía Jules Florencio. O que también correteó por pasillos de embajada Álvaro Mutis, hijo de diplomático. O que, refugiado durante un año de la guerra civil española en la de Chile en Madrid, Rafael Sánchez Mazas compuso Rosa Krüger, una novela que escribía de día y leía a su grupo de amigos por las noches. También tras sus cortinajes escribieron Jorge Edwards, Octavio Paz, Carlos Fuentes y Sergio Pitol, que encontró incluso tiempo para traducir a Jane Austen, Joseph Conrad y Henry James. En similares despachos de dulce exilio se escribieron los célebres 250.000 telegramas, perfectamente archivados para el olvido en el Departamento de Estado. Hasta Wikileaks.

Con un poco de atención, la cosa esta podría terminar haciendo más por la literatura que lo que dicen que hace por el periodismo. Timothy Garton Ash ha descubierto ya rastros de Evelyn Waugh en el relato de una loca boda daguestaní, en la que el presidente checheno bailó “con su pistola automática chapada en oro metida en la parte posterior de sus vaqueros”. Palabras rescatadas así de un agujero. El de la melancolía del escritor ignorado. Quizá habría que buscar entre ellos al furioso compilador de minucias, que estará ahora a su vez buscándose a sí mismo en las páginas de diarios de todo el mundo.

26.11.10

El etarra y el elefante

Cuando leí que Mikel Antza había pedido al juez que impidiera que le dibujaran, pensé en un elefante. En realidad, lo que recordé fue un rectángulo estrecho, alargado y vertical que pintamos un día entre dos contornos de ala de mariposa. Al verlo, Claudia levantó un brazo y lanzó una especie de bramido agudo: lo que hace cuando ve un elefante.

Mientras me sonreía e intentaba no levantar yo también el brazo, seguí leyendo sobre el temor a los lapiceros de colores de Mikel Antza, que era el jefe de ETA cuando lo detuvieron en Francia. Eso fue seis años antes de verse, el martes, en el Tribunal de lo Criminal de París. Una vez allí, ya jefe de nada, lo primero que quiso hacer antes de empezar a hablar fue quitarse de encima al dibujante. El dibujante era Benoit Peyrucq, que estaba allí porque en las salas de juicios de Francia no pueden entrar las cámaras. Eliminados los artilugios de foto y vídeo, queda en estas salas un pintoresco hueco para la información de caricaturista. El dibujante Peyrucq, que también pinta músicos como de tul, lo ha cubierto durante los últimos 15 años para la agencia de noticias France Press. En ese tiempo nunca habían querido librarse de él. Pero según uno de los cronistas del día, Antza sentía que los dibujos (atención al verbo) “atentaban contra su derecho a la imagen”. Uno de los abogados lo desarrolló: “Tienen derecho a dar su opinión” sobre la imagen que se pudiera difundir en los medios. El otro abogado pidió que prevaleciera “el derecho a la imagen sobre el derecho a la información”. Al juez Philippe Vandigenen le pareció bien y prohibió a Peyrucq seguir dibujando. A salvo ya de lapiceros de colores, muy parecidos a los que usa Claudia, habló Antza. Dijo, por ejemplo: “Asumo todo lo que he hecho con ETA”.

Antes de eso, y antes también de la prohibición, al parecer a Peyrucq ya había tenido tiempo suficiente para pintar a Antza y a los otros etarras del día. Dice que no va a publicarlo. Una pena. Quería mostrarle uno de los bocetos del terrorista a Claudia, que el otro día había convertido nuestros tres trazos en un elefante.

14.10.10

Leer sobre un agujero


Buscaba algún resquicio de tiempo para leer, y terminé colándome en una metáfora. Después de darle vueltas al problema de encontrar un momento, se me ocurrió un pequeño cambio: no salir del coche al llegar al aparcamiento del periódico. Conducía hasta el final, bajaba un poco las ventanillas, apagaba y leía unos minutos. De fuera se colaba el trajín de las excavadoras. Estas últimas semanas han estado ocupadas en perfeccionar el agujero que dejó la rotativa cuando se la llevaron. Un diario diario soltando lastre como música de fondo. Y yo leyendo a Gay Talese, con las piernas casi colgando sobre el abismo.

8.10.10

El maratón que no corrí

Entre enero y marzo de este año corrí más de 600 kilómetros. Me colaba a la hora de comer en un vestuario subterráneo semiabandonado y daba luego vueltas al parque de la Quinta de los Molinos, al norte de Madrid. O me escurría de la cama antes que nadie los sábados y domingos y rodeaba el Retiro. Al menos cuatro días a la semana. Todas las semanas. Casi siempre solo.

No lo hacía por perder peso, ni por acumular kilómetros, ni por aburrimiento o desocupación. Quería correr el maratón de Madrid, el 25 de abril. Mi primera vez. Pero a mediados de marzo, me tropecé con las insuficiencias de un tendón. Y dentro de ese tendón, con los límites de la literatura misma. Incapaz de seguir corriendo, comencé a escribir en un cuaderno japonés unas notas que imaginé el reverso perfecto de esos 42 kilómetros.

5.10.10

La vida en las palabras

Mis padres hablaban entre sí alemán cuando querían que no les entendiera. Con nosotros, los niños, y con todos los familiares y amigos hablaban español. Esta era la lengua habitual, un español arcaico, desde luego, que más tarde seguí oyendo y nunca he olvidado. Las muchachas campesinas de casa solo hablaban búlgaro, y sin duda yo lo aprendí principalmente con ellas. Pero como nunca fui a una escuela búlgara y abandoné Rustschuk a los seis años, muy pronto lo olvidé por completo. Todos los hechos de esos primeros años se producían en español o en búlgaro. Más tarde se me tradujeron en gran parte al alemán. Solo sucesos especialmente dramáticos como un asesinato o un crimen, y los terrores más extremos se me han quedado grabados textualmente en español, muy precisos e indelebles. Todo lo demás, es decir, la mayor parte, y especialmente todo lo búlgaro, como los cuentos, lo llevo en la cabeza en alemán. (...) Los hechos de aquellos años están presentes en mí con toda su fuerza y frescura, me he alimentado de ellos más de sesenta años, aunque en su gran mayoría están vinculados a palabras que no no conocía entonces.
(La lengua salvada, Elias Canetti)

2.8.10

Notas del museo


Ayer por la mañana entré en el Reina Sofía cuando todavía no había llegado nadie más. Pasó un rato hasta que me crucé con el primer japonés. Al salir me quedé dándole vueltas a algunas cosas:
  1. Las obras parecen mucho menos interesantes y decisivas cuando en la sala, además de ellas, sólo encontramos un vigilante.
  2. Se ve que el arte reside en las intenciones, tan elusivas. En uno de los pasillos del claustro tienen tirados más de mil neumáticos. Unos cuantos desguaces podrían presumir de lo mismo. Pero evidentemente no se va a lo mismo al desguace que al Reina Sofía. Aunque resulta sugerente imaginar lo contrario. Sin embargo, éste es un desguace inutilizado, y al permitirle entrar en un museo, se admite que el llamado artista incubaba la intención de algo sublime, y que para lo que necesita echar mano de un desguace, pese a que aquello nunca lo ha sido. La cosa la había imaginado Allan Kaprow, pero muerto éste en 2006, la ha reconstruido Christian Xatrec. Ninguno de ellos desguacero.
  3. El museo, en efecto, transforma también los objetos que no son neumáticos. Colgaban en una sala varias fotografías de ventanas de Manhattan tapiadas. De paseo por Nueva York, se trata de ventanas tapiadas, quizá por abandono, avería o cambio de planes. Colgadas en el museo, le obligan a uno a detenerse delante e imaginar algo más. Como paseo por Manhattan resultan claramente insuficientes, así que deben de querer decir algo más, como palabras flotando en la nada. Bueno, en el museo, que tal vez haya logrado convertirse en la única nada.
  4. Las obras sufren aún otra transformación más: la que sucede a ojos del vigilante que se sienta a diario en la misma sala, frente a la fotografía de un quiosco de prensa, por ejemplo.

5.5.10

-¿No nos habrás hecho venir hasta Dublín para poder convertirte en una metáfora? -dice Ricardo.
(Dublinesca, Enrique Vila-Matas)