3.7.09

Claudia

La he visto pelear con algo de otro mundo. Fue justo al principio. Yo la miraba dormir, y ella soñaba: arrugaba la cara, encogía las piernas, braceaba. Quien no ha estado antes en este mundo sólo puede soñar con cosas de otro. Y contra eso peleaba Claudia nada más llegar.

Se batía armada con un par de manoplas blancas. Aunque no se las habíamos llevado pensando en sueños imposibles, sino para protegerla de sus uñas. Mantenía una mano defendiendo la cara, y con la otra repartía golpes por encima de la cabeza. Manoplas de algodón contra pesadillas de otro mundo.

Ella peleaba y yo pensaba –ya entonces, justo al principio– que no podía ayudarla. ¿Qué sabía yo de cualquier otro mundo? Sabía que a éste llegaría con uñas largas y que para eso le irían bien las manoplas. Nada más. Por eso las tenía calzadas.

Ella peleaba y yo pensaba –ya entonces, justo al principio– en otras peleas de luego, con otros sueños y fuera de ellos. ¿Qué sabré yo de esos mundos entonces? Puede que no sepa nada distinto de las manoplas, pero el algodón al menos evita que uno se haga más daño mientras lucha. Quizá sea imposible saber más, hacer más; del mismo modo que lo es ayudar con sueños de otro mundo.

Aunque supongo que en realidad no hace falta. La he visto pelear contra algo de otro mundo con armas de éste. Y venció. Seguro que también lo hará más adelante al revés.